La batalla por el uso del término “yogur griego” en Reino Unido

La batalla por el uso del término “yogur griego” en Reino Unido

En la última sentencia sobre la cuestión, dictada esta semana por la división civil del Tribunal de Apelación británico que revisaba el caso suscitado entre las marcas de yogur FAGE y CHOBANI por el uso de la indicación “yogur griego”, se ha confirmado la prohibición de utilizar en el Reino Unido el término “yogur griego” para comercializar yogures que pese a reunir unas características cremosas y de textura especificas, no procedan de Grecia.

Este caso se inició en 2012 a raíz de la demanda interpuesta por FAGE, que comercializa en Reino Unido sus yogures importados de Grecia con la indicación “yogur griego”, frente a CHOBANI, que utilizaba la misma indicación para sus yogures cuando éstos sin embargo se importaban de Estados Unidos.

El tribunal al adoptar su decisión y confirmar la previamente alcanzada en primera instancia, ha determinado que para poder utilizarse legítimamente la expresión “yogur griego” en Reino Unido dicho producto:

a) tiene que haberse elaborado en Grecia,

b) tiene que haberse hecho conforme a la receta o proceso griegos tradicionales, y más concretamente, la peculiar textura característica del yogur debe haberse obtenido por medio de la eliminación del suero de la leche y no mediante el uso de espesantes, pues a este respecto el tribunal ha reconocido que hay diversas maneras de alcanzar el resultado de textura y cremosidad que caracteriza lo que fuera de Grecia se ha dado en denominar “yogur griego”, pero advierte que habitualmente todas esas otras formas de conseguir esos resultados suelen implicar el uso de aditivos y espesantes, en lugar del citado método tradicional, de modo que en esos casos tales productos podrían comercializarse como “yogur estilo griego” o “yogur espeso” -pero no como “yogur griego”-; y

c) no debe contener azucares añadidos ni otros aditivos.

CHOBANI sostuvo a lo largo del procedimiento que los términos “yogur griego” definían un tipo de yogur por referencia a su modo de elaboración, y no vinculado a su lugar de origen o producción.

Según las alegaciones de CHOBANI, el término “yogur griego” es impreciso, denotativo y polivalente, sirviendo como referencia no necesariamente vinculada al origen geográfico de su producción, sino indistintamente a una receta describible como ‘Griega’, un proceso de elaboración describible como ‘Griego’, un lugar de producción describible como’Griego’, o a ingredientes describibles como ‘Griegos’.

Frente a ello el tribunal aduce la necesidad de analizar los significados en su contexto, con el ejemplo de que la afirmación de que uno vaya a ir a un restaurante griego no implica que nadie interprete que se vaya a comprar un billete de avión para ir a Atenas a comer, mientras que sin embargo, si alguien dice que ha comprado una botella de aceite de oliva griego, la mayoría de la gente dará por supuesto que se trata de aceite elaborado y procedente de Grecia.

Asimismo, las conclusiones alcanzadas en el procedimiento a la luz de las pruebas de investigaciones de mercado y encuestas realizadas, demostraron en opinión de los magistrados que una proporción sustancial del público en Reino Unido que compra “yogur griego”, piensa que está hecho en Grecia, por lo que la reputación que se atribuye por el público a dicha indicación implica que permitir su utilización para yogures que no procedan de Grecia, supondría cuanto menos una distorsión y podría defraudar las expectativa del consumidor o conducirle a error.

A este respecto, se tomó en consideración en el proceso lo que el tribunal considera probado y describió como “convención de etiquetado”, entendida ésta como resultado de las pruebas y argumentos presentados que llevaron a concluir que:

-prácticamente todo el yogur vendido en Reino Unido se comercializa en envases de plástico,

-durante los últimos 25 años, salvo alguna excepción, todos los yogures que incluían en su etiquetado la mención “yogur griego” eran yogures elaborados por eliminación de suero en Grecia

-y que dicha práctica era casi una norma no escrita respetada por la industria en materia de etiquetado

-mientras que los yogures cremosos y de textura equivalente que no cumplían dichos requisitos, se venían comercializando hacían referencia a “estilo griego”

Por todo ello, el tribunal afirma haberse convencido de que para una parte sustancial del público tanto potencialmente como actualmente consumidor de yogur en Reino Unido, la mención “yogur griego” transmite un significado implícito que supera la mera descripción del origen territorial, o en otras palabras, que dichos consumidores piensan que un producto que lleva dicha mención en su etiquetado no solo procede de Grecia sino que tiene algo único y especial.

Además, se demostró que la banda de precio de los productos etiquetados como “yogur griego” o “autentico yogur griego”, era superior a la de los productos etiquetados como de “estilo griego” o similares, lo que se considera por el tribunal una demostración más del poder de atracción de esta mención y de su valor añadido o carácter ‘premium’.

Así, se alcanza la conclusión final de que en la percepción del público de la expresión “yogur griego” se vincula tanto a la procedencia de Grecia, como a tener unas cualidades especiales, lo que por tanto, y al no provenir de Grecia el producto de CHOBANI, hace inevitable que una parte sustancial de los consumidores en Reino Unido pueda verse inducida a error si se permite que dicha mención sea utilizada.

En su extensa y detalladamente razonada resolución, el tribunal aborda cuestiones destacables como la valoración de los requisitos para que una expresión de este tipo pueda ser o no objeto de tutela jurídica, recordando a este respecto que:

-El hecho de que una frase o expresión tenga más de un significado no la excluye de protección

-Lo determinante es que al menos uno de dichos significados implique connotaciones adicionales a la mera indicación geográfica del lugar de elaboración

-Y que no es necesario que dicho significado le sea atribuido por la generalidad del público, sino que bastará con que lo sea por una parte significativa  

Más allá de que el tribunal reconoce que el objeto de la prohibición se ciñe al uso de los términos “yogur griego” como tal, y no se extiende al de expresiones afines como “yogur estilo griego”, lo que resulta destacable del caso es como, pese a no tratarse de una indicación geográfica protegida, ni de una marca registrada, y del mismo modo que en otros procedimientos recientes en materia de propiedad industrial -y también en los que versan sobre competencia desleal-, la utilización adecuada de material probatorio de calidad consistente en encuestas y estudios de mercado puede ser absolutamente determinante para decantar la balanza a favor o en contra de las pretensiones de las partes.

Esta sentencia circunscribe sus efectos a Reino Unido -y si finalmente CHOBANI presenta el recurso que anuncia ante el Tribunal Supremo habrá que esperar a la ratificación o revocación de la misma y su firmeza-, pero demuestra claramente que no hay verdades absolutas ni situaciones inamovibles en esta materia, sino que los argumentos convincentes y la actividad probatoria que cada parte y sus abogados tengan la habilidad de desplegar son con frecuencia lo que tiene la máxima influencia en el resultado final de toda controversia.

CHOBANI ha sido además condenada al pago de 350.000 libras (aproximadamente 425.000 €) en concepto de costas, si bien como decíamos antes, ha anunciado que recurrirá esta sentencia ante el Tribunal Supremo.